EL DESENCANTO (1976): LA(S) AUSENCIA(S) COMO SENTIDO

 

 

Astorga, 28 de agosto de 1974. En una plaza de aquella ciudad se realiza un homenaje póstumo al poeta Leopoldo Panero, oriundo de la misma y fallecido doce años antes en Castrillo de las Piedras, con la asistencia de su viuda, Felicidad Blanch, y dos de sus hijos, Juan Luis Panero y Michi Panero. Se descubre una estatua dedicada a Panero y una voz en "off" diserta sobre las relaciones del poeta con la ciudad. A partir de estas imágenes, se suceden en el film una serie de confesiones, en forma de monólogo o en forma de diálogo entre dos o tres personajes sobre la familia Panero. Felicidad Blanch y sus hijos, Michi y Juan Luis, se internan en los recuerdos de la familia: el matrimonio entre Panero y Blanch, los lugares en los que vivieron (Madrid, Astorga...), la presencia de amistades literarias en el entorno familiar, la actitud de Panero hacia su esposa y sus hijos, la asunción del cargo de director del Instituto de España en Londres, los conflictos personales entre ellos, la vertiente autoritaria del padre, su muerte. También se suscitan las relaciones entre los hermanos, los compromisos políticos, las rivalidades literarias, los odios irreconciliables, las complicidades. En el transcurso del film hay referencias al tercer hijo, Leopoldo María; avanzado el metraje, su aparición desencadena otro grupo de confesiones en las que él aparece de forma individual o al lado de Felicidad Blanch y de su hermano menor, Michi, y en las que se rememoran las vicisitudes de Leopoldo María en la cárcel, por su militancia en el Partido Comunista de España (PCE), sus intentos de suicidio, su reclusión en manicomios y, en fin, la soledad, la rabia que le despertaba la figura del padre autoritario.

 

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En su origen El desencanto surge de un encargo del productor Elías Querejeta, que había convocado a una serie de jóvenes directores para la realización de otros tantos cortometrajes. Entre este grupo se encontraba Jaime Chávarri, quien ya tenía experiencia previa como director de largometrajes: con posterioridad a sus años de aprendizaje y a la confección de algunos films en formatos pequeños, en 1971 había sido el responsable de uno de los episodios de Pastel de sangre (los otros estaban dirigidos por Francesc Bellmunt, Emilio Martínez-Lázaro y José María Vallés), y en 1973 acomete el rodaje de Los viajes escolares. Esta primera incursión en solitario en el cine industrial, en la que se visualiza un ácido análisis de la alta burguesía del Franquismo, tuvo una vida azarosa: presentado en el Festival de Valladolid, el film origina un mayúsculo escándalo, fruto del cual se desestima su distribución, de tal forma que no llega a estrenarse hasta que el éxito cosechado por El desencanto lo desalmacena y lo hace circular por las pantallas españolas.

El primer proyecto con el que trabaja Chávarri es un reportaje sobre un manicomio, pero pronto es desechado. El segundo y, a la postre, definitivo es un documental sobre la familia del difunto poeta Leopoldo Panero. Tras la primera tanda de rodajes, en agosto de 1974, Chávarri y Querejeta llegan al convencimiento de que el material puede aprovecharse para un film de largo metraje, por lo que en los meses sucesivos, y separados por largos intervalos, se acometen nuevas tandas de rodajes hasta obtener unas diez horas útiles de filmación. Resulta interesante comprobar que la censura postfranquista intentó cebarse en el film, consiguiendo suprimir diversas frases, especialmente algunas dichas por Leopoldo de marcado tono provocador, aunque algunos miembros de la Junta de Calificación y Apreciación de Películas, de la Dirección General de Cinematografía, consiguieron autorizarla para mayores de trece años.

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Si la cinematografía española ha generado en pocas ocasiones lo que los anglosajones llaman "cult-movies", El desencanto se encontraría, sin duda, entre ellas. El film de Chávarri cumple, a escala española, con los requisitos de este tipo de películas. Su arco de influencia lo ejerce sobre un número limitado de espectadores, pero para ese grupo el film se convierte en un punto de referencia ineludible. Y en representación muy locuaz de un período histórico que, aunque reciente en el momento de escribir estas líneas, ha generado olvidos, deserciones y equívocos nada desdeñables. El desencanto al que alude el título de la película es una expresión de origen difuso pero que se hizo enormemente popular en algunos sectores de la izquierda a mediados de los setenta. En cierto modo, El desencanto se convierte, a raíz de su estreno en septiembre de 1976, en una suerte de metáfora ejemplar de la decepción, de la frustración que la política española posterior a la muerte del Dictador había generado en los sectores más esperanzados con el cambio político. El film de Chávarri llega después de hechos tan dramáticos como los asesinatos de cinco personas por disparos de la policía en Vitoria, y con el sentimiento de profunda decepción por los primeros gobiernos de la monarquía, de nula vocación reformista; poco después de su estreno, un grupo ultraderechista comete un múltiple asesinato en un despacho de abogados laboralistas de la calle Atocha de Madrid... Esta decepción, que el hecho de legalizar el PCE, en abril de 1977, conseguiría atenuar relativamente, conecta con el tono agrio, lleno de fantasías ausentes que El desencanto se permite albergar en su seno. En todo caso, ese papel simbólico que el film llegó a adquirir no deja de resultar algo extraño, y, precisamente por ello, muy sugerente. No en vano, El desencanto no es una película directamente política; más aún, los miembros de la familia Panero se abstienen de hacer comentarios explícitos en el registro ideológico. Y, sin embargo, el film se convierte en testimonio artístico de toda una época.

Ese testimonio es perceptible en la propia estructura del film. Al principio, la cámara nos sitúa en una ciudad española, en la que se procede a rendir homenaje a un poeta ya difunto, Leopoldo Panero. Las imágenes, y el sonido en "off" que las ilustra, tienen inicialmente un cierto empaque de NO-DO, de noticiario oficialista. También el sujeto homenajeado póstumamente lo es: Habiendo ejercido cargos relevantes en el aparato cultural franquista, Panero fue, más allá de la calidad de buena parte de su poemario, un poeta institucional, de talante conservador. Así, en su "Canto personal" (1953), respuesta airada al "Canto general" (1950) de Pablo Neruda, en el que el escritor chileno arremetía contra Franco y acusaba a Dámaso Alonso y a Gerardo Diego de ser "silenciosos cómplices del verdugo", Panero escribía unos versos que pueden definir su posición ideológica, como poeta y como individuo: "Porqué España es así (y el ruso, ruso), // hoy preferimos el retraso en Cristo // a progresar en un espejo iluso." Tras esas primeras imágenes, el film da paso a la voz y a la presencia de los familiares del interfecto. Y del tono oficialista se traslada al espectador a un documento de carácter íntimo, repleto de confesiones sobre la familia Panero, sobre los sentimientos de cada de uno de sus integrantes; los Panero son observados --y examinados-- en su doble condición de grupo familiar aparentemente convencional y de presunto estandarte del régimen franquista. Es, precisamente, en este último registro en el que los sinsabores, las tristezas y las vejaciones que Felicidad Blanch --uno de los personajes más cautivadores de la historia del cine español-- y sus hijos enuncian a lo largo del film se convierten en una señal estridente del desencanto al que alude el título.

Al fin y al cabo, El desencanto podría ser un ilustre ejemplo de la dificultad de admitir el género documental como uno de los principales resortes de la presunta objetividad cinematográfica. Una lectura atenta de la estructura del film sugiere un montaje nada ingenuo; más aún, profundamente cargado de sentido(s). En primer lugar, cabe destacar que, tratándose aparentemente de un reportaje, el personaje que centra lo visible, esto es, Leopoldo Panero, es invisible: no hay en el texto fílmico huecos por dónde aparezcan imágenes del poeta, ni fotográficas, ni cinematográficas. Su presencia referencial, en contraste con su ausencia icónica, resulta un juego pleno de sutilezas. Todo lo que hay en El desencanto de supuesta historia verídica de una familia tiene su contraste en la construcción de una ficción, un relato dramático en el que se inscribe al espectador de una forma activa: lejos de esperar confidencias "reales", el atento lector del film participa de las revelaciones dramáticas --esto es, en el registro ficcional-- que el montaje de Chávarri va colocando ajustadamente para avanzar en el relato, en la construcción e inmediata destrucción de unos personajes. En este sentido, la súbita aparición de Leopoldo Panero hijo en el film también se configura como un resorte propio de la cinematografía narrativa. Leopoldo María, conspicuo escritor, aparece muy avanzado el film; hasta entonces, hay referencias sobre él, siempre opacas, elusivas. Por eso es más destacable el contrapunto que ofrece sobre su padre, sobre toda su familia: Leopoldo dice estar en posesión de la verdad, en contraste con la "leyenda épica" lacaniana que, se imagina, habrán contado los otros miembros de los Panero. Leopoldo María cumple con el papel de contra protagonista, su arrebatadora intromisión en el discurso fílmico suscita un pulso dramático --su confrontación con la familia, sus anécdotas vitriólicas-- y un pulso narrativo, en el orden del relato.

Y es que, como ha señalado Ramón Font, en texto inédito depositado en la Biblioteca de la Filmoteca de Barcelona, en El desencanto adquieren especial relevancia "el conflicto edípico y la muerte simbólica del padre, más aún que la real, el desmantelamiento de la leyenda épica de la familia, que se revela finalmente sórdida y deprimente, la autodestrucción como afirmación del yo y el fracaso como resplandeciente victoria". En efecto, en El desencanto la ausencia del padre se transforma, valga la paradoja, en una opacidad de gran elocuencia, de pertinente producción de sentido. Más aún, otra ausencia vaporosa se convierte, en tanto omitida, en mayúscula fuente de significación: la del dictador, el padre putativo de todos los Panero y, por desgracia, de tantos otros españoles que debieron aclimatarse a la opaca noche del grito y del terror.

 

(Nota: Este texto apareció en el libro Antología crítica del cine español (1998), dirigido por Julio Pérez Perucha. Lo he mantenido tal cual se publicó entonces, a pesar de que el paso del tiempo político en el Estado español ha reactivado aquellas lecturas que se anunciaban en el texto fílmico sobre el engaño --o desencanto-- que ha resultado ser la democracia española.)

 

EL DESENCANTO (1976)

 

Producción: Elías Querejeta P.C. (Madrid)

Dirección: Jaime Chávarri

Fotografía: Teodoro Escamilla, Juan Ruiz Auchía

Montaje: José Salcedo

Música: Sonata para piano D 959 de Schubert

Ayudante de dirección: Francisco J. Querejeta

 

Personajes que intervienen: Felicidad Blanch, Juan Luis Panero, Leopoldo María Panero, Michi Panero.

 

 

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